lunes, 7 de septiembre de 2009

UN POCO DE MEXICO Y SU ARTE

 JOSÉ CLEMENTE OROZCO

EL SUFRIMIENTO HUMANO
El legado pictórico de José Clemente Orozco es no sólo cuantioso, sino impresionante por sus dimensiones y su magnitud: murales en la Escuela Preparatoria, frescos en el Templo de Jesús de Nazareno, en el Palacio de Bellas Artes y en la Suprema Corte de México; frescos en el Hospicio Cabañas, en el Palacio de Gobierno y en la Cámara de Diputados de Guadalajara. En diferentes ciudades norteamericanas, tanto en California (en la Biblioteca Baker) y en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Trabajador incansable, Orozco hacía, además de murales, retratos, composiciones, bocetos, dibujos y estudios para murales que luego ejecutaba en las grandes capitales del mundo. Orozco realizaba sus pinturas a la manera antigua, con una mezcla de temple y óleo, de la misma manera que los pintores medievales.
La calidad de sus murales está ligada, según apunta Darío Suro, está ligada a las técnicas florentinas de la pintura al fresco, de menor transparencia que la que utilizara el otro gran muralista mexicano, Diego Rivera.
José Clemente Orozco no era ciertamente un gran colorista, probablemente porque su interés fundamental era captar y plasmar en los muros del mundo las agonías y angustias del hombre, del dolor humano. Grises, oscuras, amargas son muchas de las imágenes de este mejicano universal quien evita la sensualidad y en cambio nos muestra un mundo oprimido y opresivo, denso, aguerrido y desgarrado.
Como muestra de ello podríamos referirnos a un fragmento del mural al fresco en el Templo de Jesús el Nazareno, llamado "La gran Meretriz". No hay placer, sino amargura, en aquel rostro y la mueca que sugiere una sonrisa no llega a ocultar la distorsión moral que en él se abriga.
Las imágenes de José Clemente Orozco proclaman esa aturdidora verdad de la existencia en las que son tan frecuentes la destrucción, la violencia, el caos, la explotación y la anarquía. No es posible ver las pinturas de Orozco con indiferencia. Su obra sacude al espectador y más allá de las técnicas o de las fidelidades al dibujo anatómico, en Orozco hemos de ver siempre el lado más doloroso de la existencia.





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